Entré en su habitación, hacía un rato que no lo escuchaba y me olía que debía estar montando una buena fiesta o festín.

Abrí con cautela la puerta para pillarlo infraganti, por aquella habitación parecía que hubiera pasado un huracán, no había ni una sola cosa colocada en su sitio, como tantas otras veces no era una excepción. Su escritorio estaba lleno de migas, él comiendo galletas de chocolate a dos carrillos mientras tecleaba y entre espacio y espacio cogía gusanitos de un recipiente a rebosar. Estaba manchado de arriba debajo de chocolate, salpicado de snacks y junto a él la botella de agua turbia donde bailaban los restos de festín.

Le miré muy seria y le dije:

-Pero esto que es?

-Que es Héctor un cochino? (una costumbre muy fea esta de comparar con el reino animal y difícil de extirpar de mi ADN)

 

Siguió comiendo como si nada lo alterase, dejó de teclear, me miró y respondió

-No, un HUMANO.

 

Quedé petrificada, sus palabras me desordenaron para colocarme exactamente en un punto muy revelador, ser consciente de que mi hijo tiene más clara su identidad que muchísimas personas que nos rodean.

Supe rápidamente que no era la comparación lo que le podía ofender porque para él los cochinos (cerditos) son unos animales muy inteligentes que se las han ingeniado entre hermanos para acabar con el lobo feroz, así que no, por ahí no iban los tiros. Lo que no le gusta es que lo identifiquen con lo que no es, él ha aprendido que existe una diferencia entre los animales y los humanos y ha sabido perfectamente ubicarse y encajar la respuesta en el momento apropiado, aun con su poco lenguaje.

Le di muchas vueltas a esa idea, le preguntaba durante días si era una cebra, un elefante, un Koala…y su respuesta era siempre: - NOOOOO, un HUMANO!

Decidí un buen día que de este detalle aparentemente insignificante debía de hacer algo de mucho provecho y así fue, monté un vídeo con nuestra pequeña reivindicación para el 02 de abril (día internacional del Autismo) en el que ese era su mensaje: Ante tanta confusión con los términos, los usos peyorativos, los con y sin “etiquetas”… él pronunciaba claramente definiéndose a si mismo como un HUMANO.

 

Y ya lo dice el gran Nacho Calderón “Somos seres humanos. Reclamamos nuestros derechos humanos”